Cuando terminás de tener sexo es situación harto conocida que el estómago comienza a quejarse y retorcerse pidiendo ya no alimento si no industriales cantidades de comida para saciar un apetito que hasta entonces uno ignoraba que podía contener en su interior.
Pero ojo, porque todos también experimentamos luego, al llegar ese punto de relajación que sobreviene al instante cúlmine de placer, un cansancio mortal que se apodera de nosotros, que nos hace pronunciar palabras ininteligibles cuando nos hablan y que nos hace, eventualmente, sucumbir a los encantos oníricos.
Aunque, fuerza el honor decirlo, es también muy común que se nos despierten unas terribles ganas de ir a vaciar nuestras vejigas, como si hubiésemos atracado un container de Quilmes con posterior panzada cervecera para festejar nuestro éxito como piratas del asfalto.
Para decirlo lisa y llanamente, tener sexo te da ganas de comer, dormir e ir al baño. O sea que el sexo es un generador de necesidades básicas.
Conclusión:
La necesidad es la madre de los inventos. Y el sexo es la madre de las necesidades.
Ergo, el sexo es la abuela de los inventos.
viernes, 21 de diciembre de 2007
miércoles, 12 de diciembre de 2007
Inventos que me hicieron famoso
Aquí debajo voy a hacer una lista de las cosas por las que la gente me va a recordar durante siglos, una vez acaecido el nefasto instante en que exhale mi último suspiro.
Estos son algunos de mis mejores inventos:
- El desodorante a rosca.
- El sifón multiplexado.
- La mousicleta.
- La cápsula protectora de carozos.
- YouTube.
Estos son algunos de mis mejores inventos:
- El desodorante a rosca.
- El sifón multiplexado.
- La mousicleta.
- La cápsula protectora de carozos.
- YouTube.
martes, 20 de noviembre de 2007
sábado, 13 de octubre de 2007
martes, 21 de agosto de 2007
Método para entretenerse un sábado por la noche
Materiales:
1 enano
1 transportador
1 compás de punta seca
1 tijera de troquelar
1 objeto
2 voluntarios
1 Din Ovo Frutis de Banana
Se toma al enano, que preferentemente deberá medir menos de 1.20 mts, y se lo recuesta suavemente sobre una tabla que previamente se habrá acondicionado para tal fin.
Con la ayuda del compás y el transportador se trazará una línea imaginaria entre las piernas del enano, que en adelante conoceremos como “Bisectriz Enaneril” (n.del.a: en alguna bibliografía podrá conocerse también como Bisectriz Enanerística). Nos situaremos en un punto cualquiera de esta Bisectriz y colocaremos al objeto (que para la experiencia puede ser cualquier cosa, por ejemplo un termotanque) en la otra punta de la prolongación imaginaria de dicha línea. De esa manera se habrá formado entre el objeto y nosotros un segmento ficticio que divide al enano en dos partes iguales.
Con la tijera de troquel cortaremos al enano siguiendo con cuidado la Bisectriz Enaneril, con atención de no apartarse demasiado de esta referencia.
Por último, le pediremos a los dos voluntarios que tiren de ambas partes opuestas del enano, con el propósito de dividirlo.
Tomar el Din Ovo Frutis, comenzar a masticarlo y contemplar la creación: dos hemienanos perfectos.
1 enano
1 transportador
1 compás de punta seca
1 tijera de troquelar
1 objeto
2 voluntarios
1 Din Ovo Frutis de Banana
Se toma al enano, que preferentemente deberá medir menos de 1.20 mts, y se lo recuesta suavemente sobre una tabla que previamente se habrá acondicionado para tal fin.
Con la ayuda del compás y el transportador se trazará una línea imaginaria entre las piernas del enano, que en adelante conoceremos como “Bisectriz Enaneril” (n.del.a: en alguna bibliografía podrá conocerse también como Bisectriz Enanerística). Nos situaremos en un punto cualquiera de esta Bisectriz y colocaremos al objeto (que para la experiencia puede ser cualquier cosa, por ejemplo un termotanque) en la otra punta de la prolongación imaginaria de dicha línea. De esa manera se habrá formado entre el objeto y nosotros un segmento ficticio que divide al enano en dos partes iguales.
Con la tijera de troquel cortaremos al enano siguiendo con cuidado la Bisectriz Enaneril, con atención de no apartarse demasiado de esta referencia.
Por último, le pediremos a los dos voluntarios que tiren de ambas partes opuestas del enano, con el propósito de dividirlo.
Tomar el Din Ovo Frutis, comenzar a masticarlo y contemplar la creación: dos hemienanos perfectos.
viernes, 6 de julio de 2007
Basta loco, o me baño o morfo
El otro día me dispuse a realizar esa tarea que por rutinaria pasa casi desapercibida en nuestro transcurrir diario: bañarse.
Como siempre, abrí la ducha para esperar que el agua calentase y mientras metía y sacaba la mano del chorro a intervalos regulares para testear la temperatura, caí en la cuenta de que estamos rodeados de productos de belleza con complejo de postre.
Es sencillo ¿no? Si me voy a bañar, no quiero pasarme por el cuerpo y el pelo un producto que me hace imaginar que estoy revolcándome en la isla de postres y dulces de un tenedor libre.
Si esta tendencia de los fabricantes de belleza continúa, en unos años entraremos al baño y nos atenderá un emperifoliado maí®tre y con su más perfecta e impostada sonrisa nos hará sentar en el inodoro, y nos dirá con voz de locutor de A.M. de las 4 de la mañana:
- ¿Qué se servirá hoy el Sr. para acicalarse, bañarse y perfumarse? Nuestro cheff recomienda comenzar con la riquísima pasta dentífrica de frutas rojas con un exquisito toque de menta, seguido de una enjabonada corporal disfrutando del suave aroma de un finísimo aceite de almendras que en combinación con el más delicado extracto de leche hará las delicias de su ombligo y paladar. Para terminar, sugiero que se entregue a una intensa lavada de cabello con un excelente exprimido de lima y kiwi, cuyo aroma provocará una ingente segregación de saliva por parte de todos los pasajeros del colectivo, apenas suba ud. con su pelito mojado y recién limpio.
Basta. Desafío a todos los fabricantes de productos cosméticos que descubran productos con ingredientes que en lo posible no figuren en “1000 recetas prácticas para la mujer moderna".
Aunque he de confesar que desde que uso el “Pasión de Mango y Pera” mi pelo luce brilloso y sedoso como
Como siempre, abrí la ducha para esperar que el agua calentase y mientras metía y sacaba la mano del chorro a intervalos regulares para testear la temperatura, caí en la cuenta de que estamos rodeados de productos de belleza con complejo de postre.
Es sencillo ¿no? Si me voy a bañar, no quiero pasarme por el cuerpo y el pelo un producto que me hace imaginar que estoy revolcándome en la isla de postres y dulces de un tenedor libre.
Si esta tendencia de los fabricantes de belleza continúa, en unos años entraremos al baño y nos atenderá un emperifoliado maí®tre y con su más perfecta e impostada sonrisa nos hará sentar en el inodoro, y nos dirá con voz de locutor de A.M. de las 4 de la mañana:
- ¿Qué se servirá hoy el Sr. para acicalarse, bañarse y perfumarse? Nuestro cheff recomienda comenzar con la riquísima pasta dentífrica de frutas rojas con un exquisito toque de menta, seguido de una enjabonada corporal disfrutando del suave aroma de un finísimo aceite de almendras que en combinación con el más delicado extracto de leche hará las delicias de su ombligo y paladar. Para terminar, sugiero que se entregue a una intensa lavada de cabello con un excelente exprimido de lima y kiwi, cuyo aroma provocará una ingente segregación de saliva por parte de todos los pasajeros del colectivo, apenas suba ud. con su pelito mojado y recién limpio.
Basta. Desafío a todos los fabricantes de productos cosméticos que descubran productos con ingredientes que en lo posible no figuren en “1000 recetas prácticas para la mujer moderna".
Aunque he de confesar que desde que uso el “Pasión de Mango y Pera” mi pelo luce brilloso y sedoso como
lunes, 11 de junio de 2007
Te lo dije ¿eh? Ahora jorobate
"Sana, sana, colita de rana, si no sanará hoy, sanará mañana."
¿Quién no ha sido alguna vez engañado con esta famosa frase cabalística que promete una curación por el tan sólo hecho de su misma invocación?
“Juancito, no te subas al árbol". Esa frase sí tiene poderes mágicos, ya que si Juancito (niño estándar argentino de entre 5 y 10 años) no tenía planeado utilizar el árbol como nave espacial, ahora no hay nada en el mundo más importante y que implique mayor desafío que escalar ese maldito árbol de jardín de abuelo, de magia infantil. El mundo desaparece y sólo queda en pie un árbol que provoca una extraña y morbosa fascinación e impulsa a Juancito a encontrar el momento exacto en que los adultos se distraerán para poder escalar esas preciosas ramas.
¿Y qué sucede entonces? Juancito se sube, Juancito se trepa al punto más alto, adultos gritando alarmados por la inconsciencia del niño, Juancito se asusta, Juancito patinando con cara de terror, Juancito raspado y tirado en el piso, al pie del árbol ese que ya no está tan bueno.
¿Y qué hacen los adultos? Toman a Juancito en brazos, murmuran unas palabras de reproche, lo llevan al baño para lavarle las heridas y sacan del botiquín aquello que todo niño de la generación del 80 y 90 detestaba casi por instinto natural: un frasquito de Merthiolate. No importa cuánto grite Juancito que eso arde, que no quiere, que ya está” deberá sufrir el rigor del maldito brebaje. Y entonces” una vez terminada la tortura, cuando el corazón de los adultos se ha olvidado de la injuria cometida por Juancito al desobedecerlos, cuando el sollozo del niño da lugar a la pena más tierna, buscan en su cerebro, revuelven en su subconsciente, y encuentran enrolladitas en un rincón unas palabras que asoman como estúpido consuelo: “Bueno, bueno, ya pasó".. sana, sana, colita de rana...".
¿Quién no ha sido alguna vez engañado con esta famosa frase cabalística que promete una curación por el tan sólo hecho de su misma invocación?
“Juancito, no te subas al árbol". Esa frase sí tiene poderes mágicos, ya que si Juancito (niño estándar argentino de entre 5 y 10 años) no tenía planeado utilizar el árbol como nave espacial, ahora no hay nada en el mundo más importante y que implique mayor desafío que escalar ese maldito árbol de jardín de abuelo, de magia infantil. El mundo desaparece y sólo queda en pie un árbol que provoca una extraña y morbosa fascinación e impulsa a Juancito a encontrar el momento exacto en que los adultos se distraerán para poder escalar esas preciosas ramas.
¿Y qué sucede entonces? Juancito se sube, Juancito se trepa al punto más alto, adultos gritando alarmados por la inconsciencia del niño, Juancito se asusta, Juancito patinando con cara de terror, Juancito raspado y tirado en el piso, al pie del árbol ese que ya no está tan bueno.
¿Y qué hacen los adultos? Toman a Juancito en brazos, murmuran unas palabras de reproche, lo llevan al baño para lavarle las heridas y sacan del botiquín aquello que todo niño de la generación del 80 y 90 detestaba casi por instinto natural: un frasquito de Merthiolate. No importa cuánto grite Juancito que eso arde, que no quiere, que ya está” deberá sufrir el rigor del maldito brebaje. Y entonces” una vez terminada la tortura, cuando el corazón de los adultos se ha olvidado de la injuria cometida por Juancito al desobedecerlos, cuando el sollozo del niño da lugar a la pena más tierna, buscan en su cerebro, revuelven en su subconsciente, y encuentran enrolladitas en un rincón unas palabras que asoman como estúpido consuelo: “Bueno, bueno, ya pasó".. sana, sana, colita de rana...".
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